Arte Cristiano

La Virgen, el niño y San Juanito.

La Virgen, el niño y San Juanito.

Escuela española del siglo XVII

Óleo sobre cobre. Con marco de la época.
Medidas: 27,5 x 22,5 cm.

Las pinturas sobre cobre suelen estar realizadas con óleo sobre cuadros de pequeñas dimensiones, caracterizados por su colorido brillante y su preciosismo y gusto por el detalle. Son pinturas pensadas para ser observadas despacio y de cerca, para la meditación religiosa y la devoción privada e individual, aptas para espacios recogidos y domicilios particulares.
El cobre, como soporte para la pintura, tiene cualidades muy apreciables. Presenta la ventaja de no verse afectado por la humedad ni por los insectos y no necesita una preparación tan compleja como las telas. Frente a la madera, tiene la ventaja de no agrietarse ni cuartearse y además, como su superficie no absorbe los pigmentos, no necesita ninguna preparación. Pero su cualidad más apreciada se refiere a los colores; como la superficie no es absorbente, la pigmentación resulta intensa con los colores muy saturados. Además, se necesita muy poca cantidad de pintura para obtener los colores deseados.
Estas pinturas sobre cobre se caracterizan por su delicadeza y la fina pincelada, que crea efectos de gran sutiliza tanto en los detalles como en el color, en la luz, los brillos, los reflejos en los paños o sus transparencias. Destacan el delicado modelado del rostro de la Virgen, los sutiles efectos luminosos de su aureola, la trasparencia del velo que cubre al niño dormido y sus dorados cabellos.
La Virgen, San Juanito y el Niño dormido en la camita centran una composición equilibrada y clásica. La Virgen, enmarcada con una aureola de fría luz, se destaca en el centro de la composición, que describe una línea en zigzag a través de las cabezas de los personajes.
San Juanito se lleva el índice de la mano derecha a los labios mirando al espectador, e imponiéndole silencio. Es un gesto afectuoso y familiar: “no lo despertéis”. Pero hay en este gesto, con el índice apuntando hacia arriba una significación más elevada: exige atención ante el misterio.
La devoción sentida en época barroca hacia la humanidad de Cristo obligó a los artistas a plasmar con imaginación escenas cotidianas que no se detallan en los Evangelios y en las que los miembros de la Sagrada Familia manifestaban su mutuo amor.