Joyas bibliográficas

Guerras Civiles de Granada

Guerras Civiles de Granada
Guerras Civiles de Granada
Guerras Civiles de Granada

Segvnda parte de las guerras civiles de Granada, y de los crueles bandos, entre los couertidos moros, y vezinos christianos [Texto impreso] : con el leuatamiento de todo el Reyno y Vltima rebelion, sucedida en el año 1568 : y asi mismo se pone en total ruina, y destierro de los moros por toda castilla: co el fin de las Granadinas guerras, por el Rey nuestro señor don Felipe II

Ginés Pérez de Hita
Fortan, Paris, 1606.
Medidas: 170 x 110 mm

Portada gravada (Petrus Firens fecit), 3 hojas sin numerar (dedicación impresa a la Marquesa de Vermoeil y prefacio), 456 hojas numeradas (= 912 páginas) con unas viñetas, unas letras iniciales y unos culos de lámpara grabados en madera o compuestos de filetes curvados. La portada gravada presenta tiendas de guerra, barcos y caballeros en combate con sus lemas, los lemas traducidos del latino al castellano en el verso. El texto en castellano, con traducción de palabras dificiles al francés en las margines. En la última página un privilegio de Henri IV, rey de Francia, fechado Rouen, 27 de agosto 1603.

Ginés Pérez de Hita nació probablemente en Mula (Murcia), en 1544, ya que tendría veinticinco años cuando intervino en la guerra contra los moriscos. Desde luego era persona instruida, como testimonian sus libros Bello troyano y Libro de la población y hazañas de la ciudad de Lorca, poema épico que es el verdadero bosquejo del libro capital de Ginés de Hita, Las guerras de Granada, que inaugura de forma brillante el género de la novela histórica.

Tituló su libro Historia de los bandos de los zegríes y abencerrajes, caballeros moros de Granada, de las civiles guerras que hubo en ella... hasta que el rey don Fernando el quinto la ganó. Apareció la primera parte y más interesante en Zaragoza, 1595. Narra las rivalidades entre Zegríes y Abencerrajes desafíos y luchas entre moros y cristianos etc., ofreciendo una hermosa visión de la Granada de fines del siglo XV, inmediatamente anterior a la conquista. Sugestionó poderosamente la imaginación popular y creó el subgénero del Romancero Nuevo denominado romance morisco, al cual contribuyeron generosamente Lope de Vega y otros autores.

La segunda apareció en Cuenca, 1619, y narra la rebelión de los moriscos de las Alpujarras, en la cual participó el autor a las órdenes del Marqués de los Vélez. Ginés intercala romances en el texto, de los cuales algunos son del propio autor. Se nota en esta parte el influjo de La Austriada de Juan Rufo. Al fin de este hermoso libro, Pérez de Hita lamenta la expulsión total de los moriscos valientemente. La obra de Pérez de Hita fue muy influyente en la literatura nacional (Calderón, Francisco Martínez de la Rosa, Manuel Fernández y González, Pedro Antonio de Alarcón, etc.) sino también a escala europea (fue traducida al inglés, 1801, al francés, 1809 y al alemán, 1821), marcando el gusto por lo árabe de los hombres del XVIII y XIX (Lafayette, Chateaubriand, Washington Irving, etc.)

Su mundo fue el de los artesanos de la región murciana. Del taller de «Ginés Pérez, zapatero» salían carros e invenciones para las fiestas que celebraba la villa. También hacía versos y componía piezas dramáticas que en tales ocasiones se representaban. Muchos años después, habiendo publicado con éxito notable la Historia de los bandos de Ahencerrajes y Zegries, colaboró con ingenios de más alto rango en las exequias a la muerte de Felipe II celebradas en la ciudad de Murcia, donde se hallaba avecindado. Representante, pues, de la cultura popular, no logró superar como poeta —aunque compuso dos largos poemas— la falta de una formación humanística o cortesana, aunque sí adquirió a través de sus lecturas una educación literaria fragmentaria: conocía bien, por ejemplo, el Orlando Furioso, influencia fundamental cuyo alcance y matices han sido perfectamente precisados por Máxime Chevalier; estaba familiarizado con los libros de caballerías y con crónicas y relaciones sobre los últimos tiempos del reino de Granada y, por supuesto, con el Romancero —el viejo y el nuevo—, otorgando a casi todo lo que hallaba impreso carácter de veracidad. Tales lecturas, asimiladas con más sensibilidad que conocimiento, estimularon su fantasía sin poner trabas a la manera intuitiva en que su ingenio combinaba la verdad histórica y la verdad poética, borrando los linderos entre realidad y ficción y logrando con ello la creación de un mundo poético coherente.

Las Guerras civiles de Granada, sobre la guerra de las Alpujarras se terminó de escribir a finales de 1597 y Ginés Pérez de Hita intentó publicarlo en los siguientes años, pues en un documento de 1604 se hace mención de "tres libros originales de las guerras civiles de Granada" que había entregado al librero de Murcia Juan Dorado, quien los había hecho llegar al impresor madrileño Serrano de VArgas con objeto de que gestionase la licencia de impresión, que le fue negada. Aquellos tres libros eran probablemente los mismos que aprobó en 1610, después de introducir ciertas enmiendas, un tal Doctor Molina, Capellán del rey, nombre y título que corresponden a los de un eclesiástico granadino que se ocupaba en 1626 de hacer imprimir un Manual para curas de la diócesis. A pesar de esta aprobación debieron surgir dificultades, pues no hay otros indicios de ediciones anteriores a los que salieron de imprentas de Cuenca y Barcelona en 1619, fecha en que, sellada ya la suerte de los moriscos, el libro no podía contar como pieza polémica. Y sin embargo, también parece que intervinieron en la publicación personas más o menos interesadas en la defensa de los nuevos convertidos. La edición de Barcelona está dedicada al Duque del Infantado (Se trataba del Duque consorte don Juan hurtado de Mendoza, quien desempeñó entre otros cargos el de mayordomo mayor del rey, que se menciona en la dedicatoria. Los señorios de lugares de moriscos que poseían en el reino de Valencia y en la zona de Guadix, los Duques del infantado eran anejos al marquesado de Cenete. En 1570 Ruy Gómez, conde de Bailén, y la marquesa del Cenete, habían solicitado que sus vasallos moriscos permanecieran en territorio granadino, y , al no lograrlo, se los llevaron a sus posesiones de Castilla), quien (según datos publicados por Henri Lapeyre) habló en el Consejo de Estado en 1612 a favor de los mudéjares de Murcia. Los Duques eran, además, señores de algunos pueblos de moriscos en el reino de Valencia. Muy ligada a la casa del infantado estaba también la zona rural de la diócesis de Cuenca que fue parcialmente repoblada por moriscos, algunos de los cuales procedían de lugares próximos a Lorca. allí visitó a algunos de ellos Pérez de Hita, y es posible que entablase entonces contacto con el editor conquense Cristiano Bernabé, cuya actividad se registra en 1592 puesto que fue un individuo del mismo nombre quien dedicó la edición de Barcelona al duque del infantado, habiéndose extendido también por requerimiento suyo la tasa de esta impresión y de la de Cuenca.

Los dos libros impresos de Pérez de Hita, se insertan en una línea de opinión favorable a los moriscos, que rerepresentan en un plano social más elevado los Mendoza y los Granada Venegas, y que originalmente se relaciona con la labor evangelizadora del arzobispo fray Hernando de Talavera, encaminada a lograr la conversión religiosa sincera.