Pieza destacada

Donna de Granata

Donna di Granata
Grabado Xilográfico
Cesare Vecellio (1521 – 1601)
1598
Medidas totales: 168 x 115 mm
Grabado perteneciente a la obra Habiti antichi et moderni di tutto il mondo

El siglo XVI se cierra con la aparición del mayor y más importante libro de trajes conocido hasta el momento: la obra de Cesare Vecellio. Publicado en Venecia en el año 1590, estaba compuesto por 420 grabados sobre madera reproduciendo trajes de Europa (361), Asia y Africa. Su éxito fue tal que de ella se realizaron hasta cuatro ediciones distintas, variando el idioma, el número y la ornamentación de las figuras y los trajes representados, que fueron además nuevamente grabados. La segunda edición, en italiano y latín, se publica en Venecia, en el año 1598, y se compone de 507 figuras. La tercera de las ediciones, Venecia 1664, reduce los grabados a 415, incorporando a la propia plancha textos explicativos en latín.

En el siglo XVIII se publica la edición española y a mediados del siglo XIX, 1859-60, se publica en París la última edición, con 513 trajes en dos volúmenes y textos en francés e italiano. En estas ediciones la representación de tipos y trajes de nuestro entorno se concreta en cinco estampas, que reproducen a una pareja de navarros, hombre y mujer, y a tres mujeres de ‘Biscaia’.

En el año 1794 la Calcografía Nacional de Madrid inicia la publicación de una nueva edición de la obra de Cesare Vecellio. Titulada Colección de los Trajes que usaron todas las Naciones conocidas hasta el siglo XVI... , se compone de dos tomos, dedicado el primero a los trajes de Italia (227) y el segundo a los trajes de España, que alcanzan el número de 48, muy superior a los 20 que se representaban en las primeras ediciones. Entre estas 48 estampas, grabadas al buril sobre plancha de cobre por José Camarón, se incluyen las ya conocidas figuras de la pareja de navarros y la mujer de Bilbao, pero se incorporan otras nuevas (noble matrona vizcaína, aldeano de Vizcaya y aldeana en el mercado de Vitoria), claramente inspiradas en la estampa de San Adrián publicada en el Civitates.

Este grabado de la coleccción de la Fundación Carlos Ballesta, es especialmente importante en cuanto al análisis de la indumentaria morisca se refiere, ya que junto a los grabados de Heylan y Hoefnagel, fija de forma detallada la tipologia de la indumentaria musulmana en el siglo XVI español.

De especial relevancia para el estudio de la indumentaria morisca es el grafitti de una morisca conservado en una casa de la calle de Santa Martín del Albayzín y cuyo estudio, en cuanto a indumentaria se refiere, coincide plenamente con el modelo de Vecellio.

El calzado
La figura presenta como calzado dos plataformas trianguladas, que hemos de identificar con un calzado de calle, de gruesas suelas de corcho (de cuatro dedos o más de altura), que carecía de punta y talón. Hablamos de esos alcorques (del árabe al-qurq) que se citan en las fuentes escritas andalusíes desde fechas tempranas. Este tipo de calzado fue usado igualmente en la España cristiana, aunque experimentaron algunas modificaciones, dando lugar a los conocidos chapines.

Estos solían utilizarse con un segundo calzado más flexible que cubría sólo el pie, como por ejemplo escarpines y servillas/xervillas, y se sujetaban con una banda enarcada de cuero, elemento que podemos identificar en la figura del Albayzín, con la pequeña forma cuadrada que aparece sobre la puntera del zapato desechado. En Tetuán los qabqab o chanclos de gruesas suelas de madera, se sujetaban al pie con una tira de cuero repujado llamada šerūk y en las ordenanzas sevillanas de 1527, se habla de chapines abiertos con una sola capellada o banda, que cubría la parte superior del empeine y servia para asegurarlos al pie.

El segundo calzado que aparece en el graffiti es de punta redondeada, aunque difícil de interpretar, podría tratarse de las servillas anteriormente aludidas, que J. Oliver relaciona con el vocablo árabe sǎrbīl, y que describe como una zapatilla bastante cómoda de piel fina y muy delgada. Así mismo, el hecho de que el pantalón que viste la figura continúe hasta la base de los zapatos, pero por encima de las plataformas, nos hace pensar en los subbāt (zapato plano, sin tacón, que dejaba descubierto el tobillo por completo) que llevan las mudéjares que están siendo bautizadas en los relieves que decoran el sotabanco de la Capilla Real de Granada, realizado por Felipe Vigarny entre 1520 y 1522.

C. Bernis en su trabajo “Indumentaria española en tiempos de Carlos V”, nos informa de que ya en la España medieval existieron calzados con gruesas suelas de corcho como herencia musulmana, y que en el siglo XV hay noticias de chapines con suelas de casi un palmo. Los considera como una prenda genuinamente nacional que dio carácter al traje femenino español del siglo XVI e influyó también en las modas europeas de entonces.

En los grabados del siglo XVI de J. Hoefnagel, insertos en la obra Civitates Orbis Terrarum, conservados en la colección de la Fundación Carlos Ballesta, vemos vistas de Granada y de otras ciudades del reino donde aparecen tanto mujeres cristianas con chapines, como mujeres y niñas moriscas que calzan alcorques.

Se conservan algunos ejemplares de chapines procedentes de actuaciones arqueológicas. Es el caso de los descubiertos entre montones de escombros en el hueco de una escalera de la Alhambra, depositados actualmente en el museo del conjunto monumental, y datados entre los siglos XV-XVI, o los descubiertos en una escombrera del Castillo de Consuegra (Madrid), de mediados o finales del siglo XV.

Así mismo, las alusiones a los chapines en los textos del siglo XVI son muy frecuentes, y sobre todo los encontramos citados en documentos tales como cartas de dote y arras de los moriscos granadinos y en inventarios de bienes moriscos:
“Dos pares de chapines, los unos leonados e los otros berdes”, 13, noviembre, 1540, Granada, f.1275v 6-7 (Carta morisca de dote y arras, Archivo de Notarías de Granada);

“unos chapines e xervillas de muger, de terciopelo verde”, 24, mayo, 1562, Granada, L-64-22, f. 6v (Inventario de bienes moriscos, Archivo de la Alhambra).

La vestimenta

En el siglo XIV, Ibn al-Jatīb nos dice sobre el traje femenino de las mujeres de su tiempo, que habían “llegado al colmo hoy día en la variedad de los adornos, el empleo de afeites, la emulación en los tisúes de oro y brocados, y la frivolidad en las formas de los atavíos”.

Por lo acampanado y ancho del traje y dado que los brazos de la figura permanecen ocultos, se trataría de un traje o una túnica sin mangas. Haciendo nuevamente referencia a las cartas moriscas de dote y arras, encontramos en ellas el término tabe o atabe (del árabe i t b), que según R. P. Dozy hace alusión a una túnica sin mangas, generalmente rayada.

Otro elemento interesante de analizar en el grabado de Vecellio, son los pantalones que aparecen dibujados bajo el traje. C. Bernis, cuando habla del traje femenino del siglo XVI en la obra anteriormente referida, y en relación a aquellas prendas que quedaban siempre parcial o totalmente ocultas, como el corpiño y la faldilla (falda interior que se lucía al levantar la falda de los otros vestidos), en ningún momento hace alusión a pantalones.

Ciertamente, si observamos las numerosas imágenes que aparecen en su trabajo, no vemos pantalones asomando bajo las faldas de las mujeres cristianas del siglo XVI. Por el contrario, las mudéjares del retablo de la Capilla Real granadina y las moriscas dibujadas por J. Hoefnagel y C. Weiditz, todas ellas también del siglo XVI, aparecen vestidas con anchos pantalones recogidos en las pantorrillas con tiras de tela liadas alrededor, que asoman, con sus característicos abultamientos, bajo camisas y almalafas (del árabe milhafa). Son los trabaq / tarbāqa, “...o sea unas polainas o especie de perneras de algodón o lana, en colores, que engordaban extraordinariamente la pantorrilla, sujetas con cintas dando muchas vueltas...”. En Tetuán estas vendas de tela para las pantorrillas se denominan twāzen, a diferencia de las que son de cuero llamadas tarbûqa, usadas por las mujeres de Djebala, para protegerse las piernas en las tareas agrícolas. Esas tiras de tela ya se usaban en la Sevilla almorávide, tal y como se puede leer en el tratado de hisba de Ibn’Abdūn:
“Debe ordenarse a los que hacen sayas y pellotes que hagan muy anchas las aberturas, porque las mujeres no dejan en las casas telas que no se enrollen en las piernas, y si las sayas se hiciesen cumplidas y con fuelles, de forma que las mujeres no necesitasen liarse trapos en las piernas, sería mucho mejor”.
Los pantalones que viste la figura de Vecellio, serían esos zaragüelles/çaragüelles (del árabe sarâwîl), pero sin tiras de tela liadas alrededor de las pantorrillas, que se citan en los inventarios y en las cartas moriscas de dote y arras antes referidas, y que podemos ver en esas imágenes de mujeres moriscas:
“…dos pares de çaragüeles de lienço casero, con unas tiras listadas, nuevas”, 1562, Granada, (Inventario de bienes moriscos, Archivo de la Alhambra).

Tal vez las líneas verticales que se pueden ver, hagan alusión a esos pliegues de los pantalones, que por ejemplo se aprecian también en los que llevan los mudéjares que están siendo bautizados, representados en el sotabanco de la Capilla Real de Granada.

De nuevo los encontramos en los dibujos que ilustran las Cantigas y el Libro del Ajedrez de Alfonso X, así como en las pinturas de las casitas del Partal de la Alhambra, de mediados del siglo XIV, esta vez sin bandas de tela enrolladas en las pantorrillas de las mujeres.

Debemos destacar la descripción que hace J. Münzer en 1494 de la vestimenta de las mujeres granadinas:
“Las mujeres, en cambio, todas llevan calzas de lino, holgadas y plegadas, las cuales atan a la cintura, cerca del ombligo, como los monjes. Sobre las calzas vístense una camisa larga, de lino, y encima, una túnica de lana o de seda, según sus posibilidades. Cuando salen van cubiertas de una blanquísima tela de lino, algodón o seda. Cubren su rostro y cabeza de manera que no se les ven sino los ojos”.

Esta vestimenta debió variar poco con respecto a la que tiempo después usaban las moriscas granadinas, que conocemos por los grabados de C. Weiditz o J. Hoefnagel, y a través de algunas descripciones, prácticamente similares a la anterior de J. Münzer, realizadas por otros viajeros que visitaron Granada en el siglo XVI.

Por ejemplo Johannes Lange, hacia 1526 escribía lo siguiente:

"La mitad de los habitantes de esta ciudad son moros blancos, cuyas mujeres y muchachas llevan pantalones de buque o calzacalzones blancos y envuelven cuerpo y cabeza con un pañuelo blanco hasta las pantorrillas, como nuestros pastores aldeanos, y alargan el pañuelo sobre la mitad de la cara”;

y el embajador veneciano Andrés Navajero, en 1524-1526 nos refiere:

“...llevan las camisas poco más largas que el ombligo y después sus zaragüelles, que son calzas de tela atacadas, en las cuales, con que entre un poco la camisa es bastante; las medias son de paño o de tela, y todas tan arrugadas, que hacen las piernas gordísimas. En los pies no llevan pantuflas sino escarpines pequeños y bordados de seda. Sobre la camisa se ponen un vestidillo corto, recamado de seda, con las mangas también de seda, casi como una casaca morisca, y la mayoría de las veces de dos colores. Llevan encima una capa blanca de tela que les cubre hasta el suelo, con la cual se envuelven y cubren de manera que, a no quererlo, no son reconocidas”.