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Constituciones que, en virtud de real orden, hizo el reverendo en Christo, obispo de Urgel, D. Francisco Catalán de Ocón para el buen gobierno de la Capilla Real de Granada

Constituciones que, en virtud de real orden, hizo el reverendo en Christo, obispo de Urgel, D. Francisco Catalán de Ocón para el buen gobierno de la Capilla Real de Granada. y aprobó ... Don Fernando Sexto, por Real Cedula de once de julio de mil setecientos cinquenta y ocho.
Declaraciones con que se deben observar las Constituciones antecedentes, dadas para el buen gobierno de la Capilla Real de Granada.

Oficina de Antonio Perez de Soto
Madrid, 1762

Dª Isabel y D. Fernando decidieron el 13 de septiembre de 1504 que sus restos fuesen acogidos en Granada; para ello, crearon por Real Cédula la Capilla Real. Este nuevo lugar de enterramiento real supone construir, decorar y amueblar un edificio, crear una institución con personas, dotarlo económicamente; todo ello con las garantías jurídicas suficientes para su permanencia y vida; ahí se asientan simbolismos y mensajes. Todo esto es la Capilla Real de Granada, construida en gótico entre 1505 y 1517 y dedicada a los Santos Juanes, el Bautista y el Evangelista.

La pequeña historia de la Capilla es reflejo de la gran historia de España, lugar de historia de la Iglesia y espejo de la evolución artística y cultural. El edificio se construyó en estilo gótico entre 1505 y 1517. Un año antes de comenzar había muerto la Reina; el Rey, un año antes de terminar. Durante este periodo ya existía la institución Capilla Real con doce capellanes y un Capellán Mayor. Y la Capilla va recibiendo el precioso legado de los Reyes Fundadores: Pinturas, reliquias, libros, tapices y textiles, ornamentos y vasos litúrgicos.

El siglo XVI es el siglo de la plenitud de la Capilla Real; en él hay tres pasos: Su nacimiento con la creación en vida de la Reina y la construcción en vida del Rey. Se respira el espíritu medieval, resaltando la sobriedad del edificio y de toda la Institución subrayado por el deseo de la Reina que quiso ser sepultada «vestida en el hábito del bienaventurado pobre de Jesucristo San Francisco». Sigue su florecimiento con el Emperador Carlos I. Se adorna el templo, se engrandece la Institución. Es el enterramiento de una dinastía, la aparición del renacimiento, la muestra humanista de la grandiosidad de la gesta histórica. Termina con Felipe II: se mantiene y afirma un legado, pero se le cortan las alas. El Escorial y Simancas son ahora los proyectos de futuro: allá son trasladados la mitad de los restos reales y la librería de la Capilla.

Los primeros cincuenta años del siglo XVII no ofrecen novedad en la Capilla. Se preludia una decadencia que durará toda la segunda parte de este siglo y la primera mitad del XVIII. Cuando hoy observamos la Capilla encontramos nuevas riquezas de esos dos periodos. El templo se ornamenta al gusto barroco. A los cambios artísticos hay que añadir la profunda crisis económica atravesada por la Institución; se traduce en constantes disminuciones de personal, tanto de capellanes como de servicio.

Mediado el siglo XVIII hay un nuevo resurgir de la Capilla. Identificándose con el sentido originario de la Fundación, Fernando VI se propone recuperarlo; en las nuevas constituciones ordena: «Restablecer en lo posible las decadencias de mi Real Capilla de Granada, y sus bienes dotables, y que en ella se perpetúe más decorosa la memoria de los Señores Reyes Católicos, sus gloriosos fundadores».

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