Moriscos del reino de granada

Caja Mudejar de madera de nogal, con taracea de hueso y hueso pintado

Caja Mudejar de madera - Fundación Carlos Ballesta López
Caja Mudejar de madera - Fundación Carlos Ballesta López
Caja Mudejar de madera - Fundación Carlos Ballesta López

Caja Mudejar de madera de nogal, con taracea de hueso y hueso pintado.
Granada, S. XVII
Medidas: 22,5 x 41 x 29,5 cm

La taracea fue uno de los recursos ornamentales de mayor éxito y difusión en el ámbito hispano durante el siglo XV y la primera mitad del siglo XVI, coincidiendo con la fase de transición que comprende los últimos momentos de la Baja Edad Media y los albores de la Edad Moderna. A caballo entre la ebanistería y la eboraria, esta técnica se fundamenta en la incrustación o embutido, sobre una base lígnea, de pequeñas
porciones demarfil o hueso –en su tonalidad natural o teñidas–, combinadas con fragmentos de maderas finas de diversos colores, tales como áloe, ébano, acacia negra africana, sándalo, boj, limonero…constituyendo intrincados diseños lacería de virtual crecimiento infinito.

Una vez medida y calculada la superficie disponible para el trabajo, y después de haber trazado –inciso o con tinta– el diseño geométrico a componer, se fijaban al soporte los diminutos pedazos de los diferentesmateriales, los cuales habían sido cortados previamente de acuerdo a formas geométricas regulares. Mediante la reunión y acoplamiento de estas piezas de configuración heterogénea: cuadradas, triangulares, romboidales…, el artesano construía el esquema elegido, con el que tapizaba el objeto. Tal profusión ornamental, unida al carácter multicolor de los fragmentos, proporcionaba un efecto de gran exuberancia decorativa. Se conseguía con ello un revestimiento ornamental ennoblecedor de superficies que podía ser aplicado indistintamente y con total versatilidad sobre cualquier objeto demobiliario doméstico. Una especie de epidermis decorativa de lujo que transformaba los utensilios cotidianos en fastuosas piezas suntuarias gracias a la habilidad de los artesanos y a la atractiva y vivaz policromía, acrecentada con frecuencia por el centelleo de los materiales brillantes (fragmentos de carey o nácar y puntas metálicas).

Los antecedentes de esta refinada manufactura se remontan a la época del Califato omeya. Córdoba
albergó desde el siglo X notables talleres de ebanistería. El desarrollo de esta manufactura se mantuvo vigente con los almohades –segunda de las dinastías africanas que gobernó al-Andalus–.
La taracea multicolor alcanzó una enorme difusión en el sultanato nazarí. Desde mediados del siglo XIII o principios del siglo XIV, esta técnica arraigó con fuerza en ámbitos palatinos y cortesanos como tratamiento para enriquecer la superficie de los objetos relacionados con el ajuar doméstico de lujo, llegando a hacersemuy popular en Granada. Su procedimiento de elaboración y montaje se simplificó notablemente en este momento respecto al periodo de dominio bereber.

Las piezas lígneas o ebúrneas destinadas a la incrustación fueron perdiendo grosor hasta convertirse con frecuencia en delgadas placas o láminas de espesor muy reducido, las cuales ya no se fijaban de forma individual al soporte. Con variadas formas y colores, se encolaban sobre una base de tela, cuero, papel o vitela constituyendo bloques compactos, que generalmente adoptaban la disposición de franjas o tiras. Estos “paquetes” o lotes independientes –más prácticos y cómodos de manejar para el artesano que las piezas sueltas–, se adherían a su vez a la base lígnea del objeto, yuxtaponiéndose unos a otros hasta configurar la composición geométrica general deseada. Además de los habituales pedazos recortados demaderas selectas, o de hueso y marfil, la marquetería de este periodo incorporó como componentes adicionales otros materiales suntuosos: fragmentos de carey o nácar, e incluso eventualmente clavillos de plata embutidos.